Tengo los brazos
atados al torso
para que no escapen mis sentimientos
cuando vuelo
cuando viajo a escondidas
buscando el rayo de la mañana
pensamiento de fuego
rayo violeta
que juegue en mis matorrales.
Haydee Nilda Vargas
@ 2009-07-04 – 22:18:30
Tengo los brazos
atados al torso
para que no escapen mis sentimientos
cuando vuelo
cuando viajo a escondidas
buscando el rayo de la mañana
pensamiento de fuego
rayo violeta
que juegue en mis matorrales.
Haydee Nilda Vargas
@ 2009-06-19 – 00:59:48
Un dolor de miles de flechas
me horada y retuerce
hasta lo insufrible
como si expiara la culpa
de cientos de este mundo nuestro.
No sé, a veces no te entiendo
me quieres
pero me dueles profundamente
en las palabras echadas al viento
con destino incierto
y aunque me esfuerce
en borrar la clara y celeste transparencia
de tu mirada
me invades
y me hundo
en las concavidades
de lo inefable.
Haydee Nilda Vargas
@ 2009-06-16 – 23:44:51
Reuniré mis palabras
extraviadas en las rendijas
de la inconsciencia
agazapadas
tímidas ocultas casi culpables
de sentir lo que siento
convocaré un ejército del abecedario
armado con los besos dichos y hechos
sellaré con mi sangre
las páginas en blanco
del libro más cierto
de mi vida
para que sepan mis hijos y mis nietos
cómo vibro y cómo ardo
al calor de tu mirada
para que sepan tus hijos y tus nietos
que fuiste que eres
mi bien amado.
Haydee Nilda Vargas
@ 2009-06-15 – 21:38:56
Hoy como ayer
busco en la arista del agobio
el punto clave
la conexión perfecta
de la palabra florecida
en la piel del deseo
cuando tu boca dice mía.
Hoy como ayer
beso tu nombre
en el faro de luz
de cada mañana.
Haydee Nilda Vargas
@ 2009-06-14 – 22:13:58
Busco un minuto
de mis tardes
y dejo que crezca
y se haga horas y días
lo echo a los dados
de la incertidumbre
entonces te pienso
y te encuentro
y siento tu piel
en las burbujas
del delirio...
Quiero pensarte otro momento
y suspirar otro tanto.
Haydee
@ 2009-05-31 – 17:48:38
Tus palabras taladran
espacios de silencio
y repican
sueños, voces, luces
encendidos en el infinito
que hilvanan
versos inquietos
con tu imagen
en la insondable memoria
de calladas utopías.
Hanivar
@ 2008-07-30 – 21:37:36
Hacía mucho frío aquella madrugada cuando el bus estacionó en Entre Ríos, casi a mitad de camino entre Santa Cruz y Tarija. Eran las seis de la mañana; la niebla cubría las serranías y la carretera. Algunos pasajeros bajaban perezosamente, otros seguían durmiendo imperturbables en sus asientos.
El viento húmedo y frío castigó mi rostro. Mis manos instintivamente cubrieron mis mejillas. Respiré hondo mientras mis pasos me llevaban hacia los pequeños puestos de venta donde dos mujeres ágilmente entregaban cigarrillos, galletas, caramelos, agua a los ocasionales compradores. Sin embargo lo más solicitado era café, trimate y api morado. Me pregunté cuál escogerías.
En ese momento sentí una suave presión en mis hombros, tu brazo derecho me acercaba a tu cuerpo, te miré, nos miramos. Con tu mano izquierda sostenías una taza con café, tomamos los dos el líquido negro y caliente como tu aliento y tus palabras.
Se encendió el motor del bus, sus ruedas cubrían la víbora cobriza de la carretera que se deslizaba bordeando peligrosamente las serranías. Cerré los ojos para no ver el oscuro precipicio, iluminado fugazmente por las luces del vehículo. Tú sigues a mi lado, dándome calor y fuerza que borran el miedo al frío de las noches silenciosas.
Haydee
@ 2008-03-16 – 19:37:34
De niña, siempre creí que tenia un demonio interior, algo que de solo oír una nota musical, se apoderaba de mi cuerpo, y ejercitaba control absoluto sobre mis pies, mis caderas y hombros. Era como un ser fantástico, una electricidad que recorría todo mi cuerpo, y sin que pudiera controlar, alteraba mi estabilidad.
Me encantaba desplazarme a lo ancho y largo de un salón, donde la pista de baile se hacia una fantasía hecha realidad, sin importar qué ritmo llegaba a mis oídos. Me sentía como una hojita flotando con la brisa en manos de mi galán, que expertamente me llevaba al paso del vals…de una salsa, samba, cumbia o rock entre varias otras.
Recuerdo también la alegría y la expectativa con que seguíamos las preparaciones de la única fiesta del año que se realizaba en la residencia de señoritas donde yo vivía cuando era adolescente, y ver convertirse en un abejero de jovencitas que mostraban su encanto con variados pasos, estudiados cuidadosamente y el cadencioso movimiento de su cuerpo.
La noche del baile, la anticipación y nerviosismo se apoderaban de mí…y al llegar la hora, cuando tocaba la primera melodía, y los jovencitos invitados comenzaban a desfilar en el salón, mis ansias viajaban en alas que sólo las notas musicales lograban controlar.
¡Aquellas eran horas interminables! Eran horas que vividas y disfrutadas están en las páginas del libro de los recuerdos…han pasado muchos años, la música tiene nuevos ritmos. El tiempo no ha podido aplacar esa inquietud, ese nerviosismo, el revoloteo de mis pies al oír música…
Cierro mis ojos, y me encuentro ante un inmenso y brillante salón, está sonando la pieza musical “Más que un amigo” de Marco Antonio Solís.
@ 2008-03-07 – 21:59:36
Hoy me siento a esperar el paso silencioso de los segundos que quedan del día con algunos rayos de sol en el horizonte. Nada llega, nada de nada y creo que me volveré vieja hasta que el reloj marque la medianoche.
Mientras nado en la nada escucho una voz en la lejanía, me levanto, miro a mi alrededor y vuelvo inquieta a mi sitio. Mis párpados se abren y cierran cada tres segundos y mis manos dejan caer "El libro de arena" que me regaló una amiga. Nuevamente el silencio se pasea haciendo retumbar su ronquido en las cuatro paredes de mi habitación.
Recojo el libro y leo: "La línea consta de un número infinito de puntos" y me pregunto por la línea de mi vida. Si también mi vida consta de un número infinito ¿de acontecimientos? ¿de satisfacciones? ¿de instantes felices?. Puede ser lo uno y lo otro y también lo otro, ¿o todo junto?; lo más probable es que sea una línea finita de parpadeos en las noches de insomnio.
Ahora sé que debo descifrar esos parpadeos, algunos me remontan al bosque del duende visitado a mis diez años, otros me recuerdan la cueva del monje y... Creo que de todos los parpadeos de mi línea de vida, el de los sonámbulos es el más emocionante. Prometo pintar muy pronto cada parpadeo con letras del recuerdo. Muchos besos y buenas noches.
Haydee Nilda
@ 2008-01-20 – 23:43:15
Anoche tuve un sueño extraño. Estaba dentro de una jaula para aves y hacía fuerza sobre las varillas metálicas para escapar. Cuando desperté, escarbé minuciosamente en el escaparate de mis recuerdos buscando una relación entre mi pasado y el sueño. Después de algunos momentos de cavilación ¡la encontré!, grité satisfecha.
Tenía apenas cinco años, mi padre trabajaba en la única escuela del pueblo hasta las 17, a esa hora cogía la escopeta y decía voy por carne para la comida de mañana, como si estuviera yendo de compras a la pulpería del pueblo. Lo veía salir rápidamente con dos perros canela adiestrados en la caza. Volvía generalmente con las primeras sombras de la noche cargado con dos pavas del monte, torcazas y algunas veces otra ave que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino.
Un día sábado salió más temprano, cuando el sol apenas se había inclinado al poniente, acompañado de un mozo que vivía en casa. Los vi alejarse montados, mi padre en su caballo Moro, el mozo en Pintado y los dos perros canela los seguían. Seguramente su recorrido tenía que ser más largo porque dijo que el domingo no iba a cazar, que es día de descanso y los vivientes de lugares alejados llegarían al pueblo a buscarlo con alguna diligencia.
Cuando el sol anunciaba su retirada, lo vimos ingresar al patio de a pie y con el caballo a cabestro, todos corrimos a su encuentro ansiosos por conocer el resultado de la cacería.
- Caminamos hasta Boya -dijo mi padre.
Esta vez llegó con un venado, una iguana, varios patos de río y en una bolsa de lienzo tenía algo que se movía incesantemente.
- ¿Qué tienes ahí papá? pregunté ansiosa.
- Ya verás, no te impacientes –dijo, y se dirigió al troje para luego salir con una jaula donde había encerrado al cardenal que habían cogido cerca del río a pocos pasos del pueblo. Colgó la jaula de una viga del corredor que rodeaba la casa, de tal manera que todos podíamos ver al pajarito desde diversos ángulos. Me senté muy cerca de él, tenía cresta roja, la espalda gris hasta la cola, el plumaje del pecho era más claro, casi blanco. Hermoso y prisionero, pensaba. La palabra prisionero empezó a aguijonear en mi pequeña cabeza y se quedó instalada en mi mente con el dolor de una espina de tusca.
Al otro día me despertó un fiu, fiu, fiiiiiiiiiiiiiiiu. Era el cardenal. Su canto comprendía tres tiempos, dos silbidos idénticos y el último agudo y prolongado. Parecía un llamado, parecía que me llamaba. Salí rápidamente de la cama y fui a verlo. Tenía un plato pequeño con maíz cocido y desmenuzado, pero no lo había tocado. Se movía para todos lados, sin duda no le gustaba la jaula, extrañaba los vuelos con su compañera, extrañaba recorrer el espacio sin linderos y bajar a comer y beber donde él quisiera y pensé en mi tormento si estuviera en su lugar. Entonces acerqué una silla a una mesa que estaba cerca y subí, el cardenal se puso más nervioso y le hablé,
- Shiiiii, shiiiiii, no hagas ruido –dije, pero él no me entendía.
- Preciosura, no temas, pronto irás a buscar a tu familia -le dije casi como un susurro.
Abrí la puerta de la jaula y me retiré. Él voló sobre mi cabeza y salió con dirección imprecisa hacia la amplitud del cielo. Voló y voló hasta que se perdió en la lejanía.
Cuando mi padre advirtió que la jaula estaba abierta empezó la investigación. Todos negaron culpabilidad. Sólo quedaba yo.
- ¿Sabes quién abrió la jaula? Me preguntó.
- Sí, fui yo -le contesté sin dudar. Entre asombrado e incrédulo argumentó que no comprendía que una niña arruine el esfuerzo de su padre, que nunca pensó en una actitud semejante de su hija querida.
No respondí, me callé, pero él continuaba con su rosario de lamentos.
- Ese cardenal era tu regalo de cumpleaños, -me dijo finalmente.
Entonces corrí hacia la higuera que está en el patio, y lloré, no por haber perdido el cardenal, sino porque mi regalo de cumpleaños había sido preparado con el sufrimiento de ese animalito inofensivo.
El día de mi cumpleaños mi madre me regaló una muñeca de trapo que había hecho con recortes de tela y cabellos de maíz. La abracé muy fuerte porque sabía de su sacrificio. Había cosido la muñeca en las noches, después de que todos nos íbamos a la cama. Cuando estaba jugando con mi muñeca en el patio escuché un canto conocido. Miré hacia el lugar de donde venía el sonido y él estaba ahí, hermoso y feliz, saltaba de rama en rama y cuando escuchó la voz de mi padre levantó vuelo y pasó muy cerca de mi rostro. Entonces me di cuenta que su visita fue el mejor regalo de cumpleaños.
No dije a nadie lo ocurrido, y desde aquel día mi amigo cardenal continuamente me sorprendía con su canto, yo estaba segura que en cada visita él me regalaba una melodía especial. Nadie debía saberlo. Fue mi primer gran secreto.
Haydee Nilda Vargas (hanivar)
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