Hacía mucho frío aquella madrugada cuando el bus estacionó en Entre Ríos, casi a mitad de camino entre Santa Cruz y Tarija. Eran las seis de la mañana; la niebla cubría las serranías y la carretera. Algunos pasajeros bajaban perezosamente, otros seguían durmiendo imperturbables en sus asientos.
El viento húmedo y frío castigó mi rostro. Mis manos instintivamente cubrieron mis mejillas. Respiré hondo mientras mis pasos me llevaban hacia los pequeños puestos de venta donde dos mujeres ágilmente entregaban cigarrillos, galletas, caramelos, agua a los ocasionales compradores. Sin embargo lo más solicitado era café, trimate y api morado. Me pregunté cuál escogerías.
En ese momento sentí una suave presión en mis hombros, tu brazo derecho me acercaba a tu cuerpo, te miré, nos miramos. Con tu mano izquierda sostenías una taza con café, tomamos los dos el líquido negro y caliente como tu aliento y tus palabras.
Se encendió el motor del bus, sus ruedas cubrían la víbora cobriza de la carretera que se deslizaba bordeando peligrosamente las serranías. Cerré los ojos para no ver el oscuro precipicio, iluminado fugazmente por las luces del vehículo. Tú sigues a mi lado, dándome calor y fuerza que borran el miedo al frío de las noches silenciosas.
Haydee

Que bonitos sentimientos expresas en este escrito, con el maravilloso escenario de Tenerife.
Besos
Tribi